COMBONIANUM – Spiritualità e Missione

Blog di FORMAZIONE PERMANENTE MISSIONARIA – Uno sguardo missionario sulla Vita, il Mondo e la Chiesa MISSIONARY ONGOING FORMATION – A missionary look on the life of the world and the church

FP Español 12/2013

FP Español 12/2013

Dios es una sonrisa.

Con María estamos llamados a ser Madre de Dios.

Maurice Zundel

Natal (7)

El mayor poder del mundo es la sonrisa. La sonrisa nos da vida y su ausencia da muerte. Donde no hay sonrisa se apaga la vida. Donde hay sonrisa la vida prospera. Pero es también la mayor fragilidad.

Es claro que la sonrisa es impotente si encuentra en ustedes un rostro cerrado. Si no respondemos a esa intimidad, nada sucede. Es el ejemplo más sugestivo del poder de Dios, de todo el poder del Amor, pero que no puede realizarse si no encuentra correspondencia.

La sonrisa es tan poderosa cuando es recibida, como impotente ante un rostro cerrado. Guarden esta imagen de la sonrisa que es la única verdadera imagen del poder divino. Comprenderán que Dios es a la vez la fuente de toda vida y el Dios crucificado: él da la vida y muere.

La vida encuentra en él su cuna, pero tenemos el terrible poder de hacerlo morir. Dios es indefenso como una sonrisa, indefenso cuando lo rechazan.

Hay que entender eso al hablar de milagros. El milagro no es una intervención divina sino que el hombre se ha hecho presente cuando se produce un milagro. En el milagro siempre hay un corazón humano abierto, una respuesta humana al llamado de Dios.

Dios está presente siempre. La sonrisa de Dios, ese don de luz y de amor está siempre circulando y ofreciéndose entre nosotros. Si se produce un milagro es porque un corazón humano ha captado esa onda de amor y le ha permitido llegar a lo que llamamos milagro.

¿Por qué no pudo Jesús hacer milagros en Nazaret? Porque allá encontró hostilidad. La luz del amor es ineficaz por falta de respuesta. Por eso los milagros no se pueden verificar con las manos sino con el corazón. Un milagro siempre se puede interpretar en uno u otro sentido. Los milagros de nuestro Señor fueron citados en su proceso como argumentos de acusación.

En el capítulo cinco de san Juan, se cuenta la sanación del hombre que esperaba el movimiento del agua de la piscina que podía sanarlo. Él no lograba llegar primero y el Señor le dijo: “¡Toma tu lecho y camina!” y él lo toma. Es un sábado, y todo el mundo se escandaliza. Él dice: “El hombre que me curó me dijo: ¡Toma tu lecho y camina!” Entonces los doctores de la Ley gritaron: “¿Quién es el hombre que te dijo: ¡Toma tu lecho!?” y al decirlo, dejan de lado “y camina” y solo hablan de la primera parte: “¡Toma tu lecho!” a fin de acusarlo como de algo prohibido el día de sábado. Los que tienen el corazón cerrado ven en el milagro un acontecimiento natural realizado por un prestidigitador, un invento del demonio.

Cuando dicen que hay milagros en Lourdes, yo creo, pero no es la Oficina de Verificaciones la que puede constatarlos. El milagro lo constata la fe, el corazón abierto, el sentimiento profundo de que hay una gran cadena de amor y una respuesta del hombre.

El milagro tiene lugar cuando entra en el circuito el hombre con todo su amor y cuando la ternura y el amor divinos son captados y se estabilizan en el acontecimiento. El milagro es siempre un acontecimiento en el que brilla el Corazón de Dios para el que es capaz de reconocerlo, pero el que es insensible al amor, a la sonrisa de Dios, no sabrá jamás lo que eso significa.

A Dios nadie lo ha visto, como dice san Juan (Cf. 1 Jn. 4, 12), pero todos pueden encontrarlo; y observen que eso no es más misterioso que encontrar un alma, pues para encontrar un alma hay que encontrarla en profundidad, tiene que haber resonancia entre el misterio que somos y el misterio del otro.

Jamás hay que olvidar que Dios pone en movimiento nuestros recursos más profundos, pero no hay que materializarlo. A Dios jamás podemos cogerlo in fraganti. Siempre se podrá decir que no hay milagro. Eso no tiene importancia pues el milagro solo lo siente verdaderamente el que siente la manifestación de la presencia divina en el acontecimiento.

Dios es una sonrisa. Es pues impalpable si no es a lo más delicado, lo más generoso y puro que hay en nosotros. Por eso, al hablarles de la presencia real traté de mostrarles que es algo que no se puede tocar con las manos. Es un sacramento, un signo, un llamado que se nos dirige. Un sacramento es un signo que exige nuestra presencia total, y entonces pasará algo esencial. Si nosotros no estamos presentes, no significa nada para nosotros.

No olvidemos, además, que los testigos de nuestro Señor: Pilatos, Anás, Caifás, Herodes, estaban todos en presencia de Jesús, pero estaban ausentes. La presencia no brillaba para ellos porque ellos no estaban presentes. La divinidad no aparecía en la humanidad de nuestro Señor a los que no estaban acordados con la luz y el amor, la mayoría de los contemporáneos de nuestro Señor no reconocieron nada en él. Aún sus apóstoles dudaron hasta Pentecostés; sólo entonces, en el fuego del Espíritu Santo, se acordaron con Jesús. Dios es Espíritu, como dijo nuestro Señor a la samaritana (cf. Jn 4,24), y quienes lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.

En esta línea debemos considerar la maternidad de la Santísima Virgen. Todo lo debemos tomar en espíritu y en verdad. No es comprender la virginidad de la santísima Virgen reducirla al hecho de que san José no tuvo parte alguna en el nacimiento de Jesús.

Así fue, claro está, pero se trata de otra cosa. Podemos ante todo recordar que Jesús es fruto de la contemplación de María. ¿Qué significa eso?

Ustedes recuerdan que san Francisco de Asís se alimentó de la contemplación de la Cruz, que san Francisco se convirtió en cruz viva, que recibió las heridas de Cristo y que sus heridas fueron el resultado final de su contemplación. El movimiento de su espíritu penetraba su carne se activaba y se expresaba por las heridas visibles. Es claro que los estigmas de san Francisco no mienten porque vienen de adentro. Sus heridas manifiestan la unidad de una vida que es solo una mirada hacia el Amor crucificado.

No nos extraña que el cuerpo termine participando en ese movimiento. No nos conmueve que una mujer histérica tenga la corona de espinas por ver un crucifijo. Es claro que en este caso eso no nos impresiona. Es una enfermedad, no un milagro. Hay una diferencia infinita entre el signo que se imprime de afuera y los estigmas que son la marca final de una vida enteramente conformada con el Amor crucificado.

Eso sucede en la maternidad de la Virgen. Ella contempla a Cristo desde el primer instante de su existencia, tiende hacia él y termina por llevarlo en su carne, porque todo su ser es mirada hacia él.

Podemos verlo bajo otro aspecto: en Jesús, la humanidad es sacramento de la divinidad.

Ustedes comprenden que la mujer que está esperando un niño la mayor parte del tiempo no sabe quién será ese niño. No puede nombrarlo, no puede darle rostro. Todo lo que puede saber es que será un ser humano. Porque la maternidad humana, según el curso ordinario de las cosas, es ante todo maternidad de la naturaleza. Nosotros nacimos ante todo de la naturaleza. Fuimos ante todo un paquete de instintos, un manojo de necesidades y luego, lentamente, tratamos de hacernos persona y volvemos a caer continuamente en la naturaleza. En nosotros, la naturaleza es primera. La madre que nos llevó en su seno debía pensar que un niño nacería del misterio de su corazón, pero no podía conocer su rostro, el cual solo sería visible en el momento del nacimiento.

En Jesús, al contrario, la persona es primera y la naturaleza viene después. El día de la Anunciación la Santísima Virgen conoció el nombre de su hijo: Jesús, es decir el Salvador, Dios que salva. Ella sabía que iba a ser la madre del Redentor, cuya misión le había sido revelada por la luz del Espíritu Santo. Ella sabía que su consentimiento era para el ser Único que iba a ser Hijo de Dios e Hijo del Hombre, que su maternidad se dirigía a la persona antes que a la naturaleza.

Sólo hay una manera de fijar a una persona y es entregándole nuestra intimidad. ¿Cómo habría podido fijarse la persona de Jesús en María sino mediante el consentimiento de toda su mente, de toda su persona, de todo su ser? Es la gracia única de la maternidad de la Santísima Virgen. Es la maternidad de la persona toda entera, que se dirige a la persona de Jesús.

Ella va a ser la vitrina, la morada de Cristo, pero no lo capta como la madre que recibe el germen puesto en su seno, que se convierte en niño: ella lo recibe despojándose totalmente por la pobreza que la convierte en la Mujer pobre.

Ese despojamiento, esa evacuación de sí misma, es su Inmaculada Concepción. Inmaculada Concepción quiere decir que, desde el primer instante ella es un llamado hacia Dios, una mirada hacia Dios. Ella es vacía de sí misma. Es apta para fijar la Presencia que es una Persona y contraer para con esa Persona una maternidad del mismo orden que esa Persona misma. Ella será la madre del segundo Adán mediante el consentimiento de todo su ser.

¿Entendieron bien ustedes, a partir de los estigmas de san Francisco, que Jesús es fruto de la contemplación de María? Su mente fue la cuna antes que lo fuera su cuerpo.

Luego, en Jesús, la naturaleza se desarrolla cuando la persona ya es perfecta. En nosotros, la naturaleza es dada y la persona está en embrión, se desarrolla lentamente y tenemos suerte si llegamos finalmente a nacer en el momento de la muerte.

Eso quiere decir que el misterio de María es un misterio de pureza y que no hay que ver en la virginidad de María un evento físico. Esto es un signo de otra cosa, que es la virginidad del corazón, de la mente, de la persona, que hace que en ella todo es dado, todo es disponibilidad de su ser todo entero para Jesús.

María es la mujer que solo se ve en Cristo y, por él, en la humanidad; al engendrar a Jesús, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, engendró la humanidad. En el fiat de la Anunciación está la adhesión de todos nosotros.

Por eso, no hay otro ser tan permeable al amor de Cristo como la Santísima Virgen, por eso, como dice Dante, ella es hija de su Hijo. Ella nació de su Hijo, según la vida divina, y por eso ella nació de él, lo mismo que él pudo nacer de ella.

Por eso justamente la Santísima Virgen es para nosotros camino de luz hacia Jesús. De hecho, es imposible no amar a la Virgen si amamos a Cristo; y actualmente en el mundo protestante, donde renace con más entusiasmo el amor de Cristo, vemos que el interés por la Virgen comienza a sentirse y que hay pastores que hablan de ella con gran respeto y piensan que ella tiene parte en la Redención.

La Santísima Virgen es una especie de sacramento, el sacramento de la ternura de Dios para nosotros, pues Dios es tan madre como padre, y luego, ella es sobre todo madre de Cristo en nosotros.

Porque la maternidad de María no es una maternidad en el tiempo sino en lo eterno, pues ella concibió en el don total y absoluto de sí misma, ya que nos adoptó a todos al acoger a Jesús en todo su ser. Su maternidad no se detiene. Ella es madre de Cristo en nuestra vida, es su función por la eternidad.

Es pues natural que nos expongamos a la luz de la Virgen para recibir de ella a Cristo al que ella está encargada eternamente de engendrar en nosotros. Es un gesto maravilloso e infalible. Es imposible volverse hacia la Virgen sin llegar a Cristo por medio de ella pues, como ella no tiene nada, solo puede conducirnos a él.

Seguir ese camino es seguir el orden mismo de la Encarnación, ya que fue por María como Jesús entró en el mundo. Cristo entrará siempre por medio de María en nuestra alma, y lo más maravilloso de nuestra confianza en la maternidad inagotable de la Santísima Virgen es que a cada instante podemos disponer del amor de la Virgen para ofrecerlo a nuestro Señor.

Y aquí, creo yo que, si tuvieran que celebrar la misa, estarían conmovidas como yo en el momento de la consagración, al decir esas palabras increíbles, revolucionarias, que no osamos pronunciar, ya que decir: “Esto es mi cuerpo” es comprometerse a desaparecer en Jesús, a transformarse en Jesús. ¿Cómo llevar la Alianza nueva y eterna, y todo el amor, siendo uno un pobre hombre limitado, cansado, decadente, cómo decir esas palabras sin traicionar a Dios, sin mentir en las palabras mismas que uno pronuncia?

Ahí es donde la Virgen es un refugio. Hay al menos alguien que puede decir esas palabras, alguien que pudo decir: “Esto es mi cuerpo” poniendo en ellas toda la verdad que contienen, y es la Santísima Virgen. Ella puede llenar siempre esas palabras con el amor que las justifica.

Lo que podemos hacer en la misa es pensar: “Esas palabras las va a decir la Santísima Virgen en lugar mío. Yo soy solo un simio y un sacramento, pero justamente, por ser yo solo eso, es necesario que alcancen la verdad en alguna parte, y la alcanzan por el corazón de la Santísima Virgen”. Así resuelvo yo mi problema en la misa, pensando: “Hay alguien que va a sostener esas palabras, a llenarlas de luz y de vida y permitirles llegar a las almas que están más profundamente comprometidas que yo en el camino de la luz y del amor en el mundo”.

Yo creo de verdad que la mediación de la Santísima Virgen es algo continuo y que no hay que hacer nada sin su mediación, ya que ella prepara en nosotros la cuna de Jesucristo que debemos ser nosotros por el brillo mismo de su persona. Por eso, cuando ya no podemos más, cuando estamos desesperados, basta con volvernos hacia la Virgen sin decir nada, con llamarla como mamá y exponernos al brillo de su luz.

Recuerdan en La zapatilla de raso cuando Doña Prouhèze desea estar con Rodrigo, le da su zapatilla de raso a la Santísima Virgen para que ella la guarde. Es lo que deben y les conviene hacer a cada instante de su vida, cuando tienen que trabajar y llegan quizás agotadas y dormidas a la capilla.

Hay tal vez una especie de suplencia para esa vida algo coja que es la nuestra, y es ofrecer a Cristo el amor de su Madre y hablar a Cristo por medio del corazón de su Madre. Si estamos en el resplandor de María, es imposible que no estemos sumergidos en la luz de Jesús.

Por eso tenemos siempre que dejarnos conducir por María, porque no conocemos el camino, y no sabemos si es bueno o malo. Ella nos dará serenidad y nos permitirá ver claro, mirar las cosas con tranquilidad y ver que Dios no quiere quitarnos nada sino hacernos perfectamente felices en su luz.

Hay finalmente otra cosa en el misterio de la Virgen y es que ella nos traza la vocación. Nuestra vocación es también ser madre de Dios. Justamente, Dios quiere nuestro don, nuestro amor y nosotros debemos suscitar en el alma de los demás la cuna de Jesucristo.

Todo lo que había de ternura en ustedes que estaban hechas para la maternidad, todo eso debe ser recogido en la maternidad virginal, ya que están encargadas delante de Dios de toda la humanidad por el brillo de su vida mediante la comunión de los santos.

Es algo revolucionario que Dios sea nuestro hijo al mismo tiempo que nuestro Padre. En la liturgia de Navidad decimos: “Nos ha sido dado un Niñito”. Dios quiere nacer de nosotros como nosotros nacemos de él. El secreto más profundo del Evangelio es que Dios quiere nacer de nuestro amor. Para estar seguros de encontrar a Dios, para estar seguros de seguir el Evangelio, el mundo tiene que transformarse y el rostro de Jesús aparecer al fin.

Como el escultor, el músico, o el artista solo conoce su obra cuando la ha terminado, nosotros sabremos cómo es Dios cada día cuando él haya nacido cada día de nuestra bondad, de nuestro amor.

Cada vez que un rostro humano se ilumina al contacto de nuestra caridad, se nos revela un nuevo rasgo del rostro de Dios. No lo olvidemos, es verdad.

La misión del sacerdote no consiste en predicar a Cristo sino en engendrar a Dios, en ser la cuna de Dios al precio de su vida entera.

Esa es la misión de ustedes que, a su manera, son sacerdotes en el único Sacerdote que es Jesús. Su voto de castidad no es de permanecer infecundas y estériles, sino de hacer de su vida la cuna misma del Dios vivo.

Ustedes conocerán a Dios cada día más, no haciendo una oración abstracta, con palabras, lo conocerán a cada paso, en su taller, en la oficina, en la comunidad, si a cada paso la sonrisa de Dios aparece porque tienen un corazón capaz de ser su cuna.

Eso es ser cristiano, es ser madre de Dios, es hacer de toda la vida la Navidad misteriosa, revolucionaria, que trasforma la vida, la Navidad que debe ser hoy para que toda alma que responde al llamado de Dios y que se expone a la luz del misterio virginal de María y se convierte a su vez en madre de Dios.

Maurice Zundel (1897-1975)
Noviembre de 1953, en San Mauricio (Valais), a las religiosas de san Agustín.

Rispondi

Inserisci i tuoi dati qui sotto o clicca su un'icona per effettuare l'accesso:

Logo di WordPress.com

Stai commentando usando il tuo account WordPress.com. Chiudi sessione /  Modifica )

Google photo

Stai commentando usando il tuo account Google. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto Twitter

Stai commentando usando il tuo account Twitter. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto di Facebook

Stai commentando usando il tuo account Facebook. Chiudi sessione /  Modifica )

Connessione a %s...

Questo sito utilizza Akismet per ridurre lo spam. Scopri come vengono elaborati i dati derivati dai commenti.

Informazione

Questa voce è stata pubblicata il 12/12/2013 da in Artículo mensual, ESPAÑOL, Vergine Maria con tag , , , .

  • 441.733 visite
Follow COMBONIANUM – Spiritualità e Missione on WordPress.com

Inserisci il tuo indirizzo email per seguire questo blog e ricevere notifiche di nuovi messaggi via e-mail.

Unisciti ad altri 859 follower

San Daniele Comboni (1831-1881)

COMBONIANUM

Combonianum è stata una pubblicazione interna nata tra gli studenti comboniani nel 1935. Ho voluto far rivivere questo titolo, ricco di storia e di patrimonio carismatico.
Sono un comboniano affetto da Sla. Ho aperto e continuo a curare questo blog (tramite il puntatore oculare), animato dal desiderio di rimanere in contatto con la vita del mondo e della Chiesa, e di proseguire così il mio piccolo servizio alla missione.
Pereira Manuel João (MJ)
combonianum@gmail.com

Disclaimer

Questo blog non rappresenta una testata giornalistica. Immagini, foto e testi sono spesso scaricati da Internet, pertanto chi si ritenesse leso nel diritto d’autore potrà contattare il curatore del blog, che provvederà all’immediata rimozione del materiale oggetto di controversia. Grazie.

Categorie

%d blogger hanno fatto clic su Mi Piace per questo: