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Cuba: esperando el “Milagro” de Francisco.

Intelectuales y laicos cubanos piden al Papa Francisco beatificar al P. Félix Varela

La Iglesia de la Isla pide la beatificación del sacerdote independentista Félix Varela,
“padre espiritual de la Patria”

El postulador de la causa, el sacerdote Ramón Suárez Polcari, se mantiene ecuánime, aunque en el fondo de su corazón espera que el Papa haga “el milagro” -exonerando a Félix Varela de la obligación de hacerlo- y lo declare beato aunque no haya ninguna curación prodigiosa, comprobada según todos los requisitos de la Iglesia. Hace veinte años que monseñor Suárez Polcari, gran canciller del arzobispado de La Habana, investiga la vida del sacerdote cubano “santo y patriota íntegro”, como supo decir otro gran prócer cubano, José Martí, ante la tumba de Varela.

El proceso diocesano terminó en 1996 y los abultados expedientes fueron despachados a Roma. Seis de los nueve jueces que los recibieron “no tuvieron nada que objetar”, señala monseñor Suárez en su despacho de la vieja Habana, con el aire acondicionado encendido al máximo. “En cambio tres pidieron aclaraciones sobre diez puntos”. Plantearon dudas sobre la participación del padre Varela en la masonería, como era frecuente en aquella época entre los religiosos favorables a la emancipación, y si el padre Varela había incitado a los cubanos a tomar las armas en la guerra de la independencia contra la Corona Española. Después pidieron que se profundizara sobre algunos pasajes de las Cartas a Elpidio, la obra más importante de Varela, que se publicaron inconclusas en 1835 para señalar a las nuevas generaciones un camino “de piedad y virtud”, y que es la principal fuente para comprender su pensamiento. “También solicitaron aclaraciones sobre su filosofía”, agrega el postulador cubano, “si era ortodoxa y aceptada por la Iglesia, sobre su vida sacerdotal y sobre su compromiso político, y si existió el riesgo de que este último primara sobre su sacerdocio”. Se realizaron las profundizaciones, se respondieron los diez puntos; los resultados viajaron de vuelta a Roma y los nueve jueces vaticanos decidieron por unanimidad que pasara a la etapa siguiente, declarando venerable al presbítero Félix Varela y Morales. Benedicto XVI puso el sello sobre las virtudes heroicas antes de su viaje a Cuba en marzo de 2012 y Juan Pablo II, antes que él, lo elogió en el Aula Magna de la Universidad de La Habana hablando a los intelectuales delante del busto de Varela, “verdadero padre de la cultura cubana, hijo ilustre de esta tierra, considerado por muchos la piedra angular de la nacionalidad cubana”. El discurso quedó grabado a fuego en la memoria de muchos cubanos y constituye un reconocimiento importante para la línea eclesial de diálogo con las autoridades comunistas en el poder de la que participa el arzobispo de La Habana, Ortega y Alamino. “Él mismo es”, siguió diciendo el Papa Wojtyla, “la mejor síntesis que podemos encontrar entre fe cristiana y cultura cubana”. Todo parecía en orden, todo parecía en camino a los altares y que era cuestión de tiempo, también, la comprobación del milagro. Pero todavía no hay ningún milagro. Muchos testimonios de gracias recibidas, de acciones inspiradas invocando el nombre de Varela, pero nada determinante. Por lo menos hasta ahora, porque monseñor Suárez Polcari deja escapar que ha recibido no hace mucho dos testimonios que podrían cambiar las cosas. Pero las verificaciones deben ser cuidadosas, requieren tiempo. El viaje del Papa es inminente y ya no queda tiempo, en el caso de respetar el recorrido establecido por la Congregación para la Causa de los Santos, que exige para la beatificación “un milagro atribuído a la intercesión del venerable siervo de Dios, que se haya verificado después de su muerte”.

Se recurre entonces al Papa que está por venir. “Cuba posible”, una asociación de laicos católicos, entregó hace poco al Nuncio apostólico en Cuba, monseñor Giorgio Lingua, una carta de los hombres de cultura que forman parte de la agrupación, donde le piden al Santo Padre que “acoja la posibilidad” de elevar al honor de los altares al sacerdote Félix Varela (1788-1853) que todos los cubanos, sin excepción, reconocen como “padre espiritual de la Patria” y recuerdan como “el que nos enseñó a pensar”. Una posibilidad que ellos saben que está dentro de las facultades papales. “Sería un gesto bellísimo del Papa, un gesto capaz de unir a la nación”, comenta el padre Yosvany Carvajal, director del Centro Cultural Félix Varela. “Este lugar, el antiguo Seminario de San Carlos, es la cuna de la nacionalidad, la casa donde vivieron los padres fundadores”, recuerda Carvajal, “y los padres fundadores pensaron a Cuba con Dios, porque eran sacerdotes, hombres de fe, y al mismo tiempo hombres de ciencia”. En la puerta del Centro Cultural que preside, a pocos pasos de la Catedral, el joven sacerdote agradecerá al Papa Francisco por haber venido y le pedirá –“si nos concede exonerarlo del milagro”- lo que toda la Iglesia cubana desea ardientemente: la beatificación de Félix Varela.

El obispo Juan de Dios Hernández, Secretario de la Conferencia episcopal de Cuba, no se queda a la zaga; habla de lo que está ocurriendo en la isla desde diciembre del año pasado, con el anuncio simultáneo del inicio del acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos, como “algo análogo a la caída del muro de Berlín”, y después reconoce que toda la Iglesia cubana “le está pidiendo el Papa el regalo de la beatificación de Varela”. “Por el peso que tiene la vida de este hombre, no solo en el ámbito religioso sino en el orden patriótico”, explica: “Su vida es de gran belleza y su pensamiento ha nutrido a varias generaciones”.

Más mesurado es el historiador Roberto Méndez, profesor de Historia y Cultura cubana y consultor del Pontificio Consejo de Cultura de la Santa Sede, nombrado por Benedicto XVI para un período de cinco años y para su gran sorpresa confirmado por Francisco. “Hay algunos colegas que piensan que Francisco puede proclamar beato a Varela cuando llegue aquí. Yo no soy tan optimista pero creo, eso sí, que Francisco no se opone a un pronunciamiento en este sentido de la Congregación para la Causa de los Santos”. Méndez es uno de los fundadores del Instituto de Estudios Eclesiásticos Félix Varela, forma parte de la redacción de la revista Palabra Nueva, es miembro de la Academia Cubana de la Lengua y corresponsal de la Real Academia Española. Recuerda que cuando vivía Varela “la jerarquía eclesiástica de la Isla no lo veía con buenos ojos por su predicación libertaria, y se sabe que la Corona Española ha influido para impedir que durante su exilio en los Estados Unidos se le concediera la mitra episcopal. Aunque era un hombre humilde, caritativo y de moral irreprochable, durante todo el siglo XX fue defendido por historiadores liberales y anticlericales, y en gran medida ignorado por el mundo católico”. De hecho, cuando se trasladaron las cenizas de Varela desde San Agustín de la Florida, la ciudad de origen europeo más antigua de los Estados Unidos, a La Habana, el 7 de noviembre de 1911, aunque se celebraron los ritos en la catedral, las autoridades no permitieron que las sepultaran allí, sino que las colocaron en una urna en el Aula Magna, en tierra laica.

Eran otros tiempos, reconoce el profesor Méndez. “En 1986, el documento conclusivo del gran Encuentro Nacional Eclesial Cubano dedicó un epígrafe al padre Varela”. A partir de ese momento se multiplicaron las revisiones, ensayos y estudios dedicados a poner de relieve la unidad del cristianismo y el patriotismo en su pensamiento. Hasta que comenzó la fase romana de la causa de beatificación y la esperanza de que el mismo Papa polaco lo declarara beato durante su viaje en enero de 1998. Pero no fue así. “El hecho de que en el siglo XIX hubiera un sacerdote de gran caridad, que vivió en la pobreza y la fidelidad a la Iglesia, pero con un pensamiento de rasgos liberales e independentistas, era una mezcla nueva, inusual tanto en Cuba como en el resto de América Latina. Casi siempre, cuando se hablaba de un cura patriota se interpretaba que era un sacerdote indisciplinado; si era santo, solo podía ser conservador y monárquico en política”, lamenta el estudioso cubano. Pero con Francisco es otra historia. “Creo que se parece un poco a Varela, un hombre piadoso que conocía el valor de la caridad, pero que tiene también una visión moderna que lo hace intervenir en política de manera positiva, es más, donde la intervención política –tanto en Francisco como en Varela- no procede de un sentimiento de parte y conservador; creo que Francisco no conserva nada que no merezca ser conservado”.

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Un commento su “Cuba: esperando el “Milagro” de Francisco.

  1. La Santidad”canonizada”, es un don que Dios nos concede para el bien de todos, procuremos pues ser “santos”, y Dios hará el resto!

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Questa voce è stata pubblicata il 12/08/2015 da in Actualidad religiosa, ESPAÑOL con tag , , .

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