COMBONIANUM – Formazione e Missione

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En busca del silencio perdido

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Que el silencio puede convertirse en ruido lo demuestra el peso, a veces insufrible, de una soledad indeseada. Que el ruido puede hacerse silencio lo revela cualquier esquina de cualquier ciudad, convertida en la actualidad en un paseo de autómatas que, cabeza abajo, revisan su dispositivo móvil -léase teléfono inteligente- con afán, como si en cualquier momento pudiera suceder algo y nadie quisiera perdérselo: el último viral, la última noticia, la mejor oferta de viajes, el seguimiento constante del Whatsapp u otras aplicaciones similares, ésas que insisten en que estemos permanentemente conectados. Una vez más, por si pudiera suceder algo. ¿Y el vacío? ¿Y el silencio? ¿Dónde está? Parece ausente porque se está olvidando no sólo cómo se practica sino también los beneficios que aporta probar, de vez en cuando, a estar 15 minutos callado; vivir en uno mismo.


Aventurero aquel que, una tarde cualquiera, decide echarse bajo un árbol a disfrutar su sombra y, como mucho, leer un libro. Osado quien, al llegar a casa, en lugar de encender la televisión se sienta en el sofá del salón, o se tumba en la cama, y piensa en el día que termina mientras mira, plácidamente, las musarañas. Extraños los que, el lunes por la mañana, mientras acuden al trabajo, en el autobús o en el metro, en lugar de revisar obsesivamente las distintas aplicaciones que contiene su ‘smartphone’, piensan, ¡qué arrebato!, en aquello que no terminaron la semana anterior, en lo que les gustaría conseguir en la semana que comienza, en lo que les aflige o en lo qué le alegra.

En la era del ‘micromomento’, donde cualquier ciudadano consulta su teléfono hasta 150 veces al día-según dicen los estudios sobre el impacto de la tecnología-, disfrutar del vacío es un atrevimiento que sólo practican con naturalidad aquellos que necesitan estar callados más a menudo de lo que resulta habitual en el escenario contemporáneo. Los que viven una vida monacal, y los artistas. Inmersos en el ruido tecnológico, reflexión e introspección -lugares donde habita la quietud- son sustantivos proscritos. ¿Por qué cuesta tanto disfrutar del silencio? ¿Aterra? ¿No sé entiende su utilidad?

La psicología advierte de que estamos tan habituados al ruido que percibimos el silencio con sensación de extrañeza, de desasosiego, como si algo inesperado y sorpresivo fuera a ocurrir». Habla José Carrión, especialista en la asunción y en las consecuencias de la tecnología y las redes sociales en el devenir diario de las personas. “El silencio fomenta el juicio interno, ése que a menudo se quiere evitar por miedo a llegar a conclusiones decepcionantes y por miedo a quedarnos con nosotros mismos”, sostiene.

En un mundo en el que “toda la gente está pendiente de su teléfono móvil”, se pregunta el escritor Vicente Luis Mora -siempre interesado por los cambios que producen las revoluciones digitales- “si lo problemático del silencio, cuando se piensa en términos sociales, es que no sabemos si es bueno o malo. En principio, diríamos que las grandes multinacionales de la tecnología han terminado con las conversaciones”.

Responsable de obras como ‘El lectoespectador’, Mora se acuerda de lo que decía el filósofo Gilles Deleuze: “Hoy estamos anegados de palabras inútiles, en cantidades ingentes de palabras e imágenes. (…) El problema no consiste en conseguir que la gente se exprese, sino en poner a su disposición vacuolas de soledad y de silencio a partir de las cuales podrían llegar a tener algo que decir”.

“Y entonces ves de súbito las cosas de otra forma”, continúa Mora, “esas vacuolas son en realidad necesarias para pensar qué estamos diciendo, sobre qué estamos hablando, qué fotos o vídeos estamos compartiendo y por qué. Cuando todos hablan, quizá lo revolucionario es callar“.

Deleuze -junto con su compañero de desvelos, el también filósofoFélix Guattari– también dijo que “toda sensación es una pregunta, aun cuando sólo el silencio responda”. Y Pedro Cuartango, adjunto al director de este periódico que, algunas mañanas, se sienta en un banco de un parque cercano un rato, antes de venir al trabajo, también cree en “el silencio como forma de rebeldía”.

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Questa voce è stata pubblicata il 28/05/2018 da in Actualidad, Sociedad, Cultura, ESPAÑOL, ITALIANO con tag , , .

San Daniele Comboni (1831-1881)

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