COMBONIANUM – Spiritualità e Missione

–– Sito di FORMAZIONE PERMANENTE MISSIONARIA –– Uno sguardo missionario sulla Vita, il Mondo e la Chiesa A missionary look on the life of the world and the church –– VIDA y MISIÓN – VIE et MISSION – VIDA e MISSÃO ––

FP.esp 5/2019 La mitad de la vida como tarea espiritual


La mitad de la vida como tarea espiritual


Texto doc FP.esp 2019-5 La mitad de la vida como tarea espiritual
Texto pdf FP.esp 2019-5 La mitad de la vida como tarea espiritual

La mitad de la vida como tarea espiritual

La crisis de los 40-50 años

Anselm Grün, O.S.B.

Introducción

La salida del monasterio de monjes, muchos de los cuales tenían más de cuarenta años, produjo una fuerte impresión en nuestra comunidad. Buscando la causa de este abandono que se dio después de más de veinte años de vida monástica nos encontramos con el fenómeno de la “crisis en la mitad de la vida”.

(…) Nuestra comunidad tomó como punto de partida el hecho de la salida de algunos de sus miembros para meditar en unas jornadas teológicas de trabajo sobre el problema de la «mitad de la vida» y su posible superación. Dos ponencias perfilaron el marco para un diálogo general e intercambio de experiencias personales en grupos.

El P. Fidelis Ruppert expuso el pensamiento del místico alemán Johannes Tauler (1300-1361) que presenta la crisis de la mitad de la vida como una ocasión para el crecimiento y maduración espirituales. Se nos hizo patente que la crisis en el medio de la vida, entre nosotros, monjes, debe ser superada primariamente en forma religiosa. Sin embargo, no se pueden descuidar los presupuestos antropológicos y psicológicos. Para completar el esclarecimiento religioso de Tauler yo expuse sobre el mismo tema su aspecto psicológico según C. G. Jung.

El vivo interés que despertaron los pensamientos de Tauler y Jung entre los monjes y otros religiosos justifica el que mediante este pequeño libro se quiera ampliar el número de los que puedan acceder a ellos. (…)

En la crisis de la mitad de la vida no se trata simplemente de un situarse nuevo en circunstancias físicas o psíquicas cambiadas. No se trata solamente de un dar por terminado un período por la disminución de las fuerzas corporales y espirituales y plantear nuevos deseos y nostalgias que frecuentemente brotan en el cambio de edad.

Se trata más bien de una profunda crisis de la existencia en la que se plantea el sentido del todo: ¿Por qué trabajo yo tanto, por qué me ajetreo tanto, sin encontrar tiempo para mí? ¿Por qué, cómo, con qué fin, para qué, para quién? Estas preguntas surgen más frecuentemente en la mitad de la vida y provocan una inseguridad que afecta al concepto de la vida que hasta aquí se ha tenido.

La pregunta por el sentido es ya una pregunta religiosa. La mitad de la vida es esencialmente una crisis de sentido y por ello una crisis religiosa. Pero a la vez esconde latente la ocasión y posibilidad de encontrar un nuevo sentido para la vida.

La crisis de la mitad de la vida conmueve, confundiendo, los diversos elementos de la existencia humana para separarlos y ordenarlos de nuevo.

Desde el punto de vista de la fe, Dios mismo está en esta crisis presente y actuante. Moviliza el corazón humano para que se abra y se libere de todos los autoengaños. La crisis es obra de la gracia y este aspecto apenas aparece en la inmensa bibliografía sobre el tema. Y, sin embargo, es un aspecto decisivo.

La crisis de la mitad de la vida no es para el creyente algo que le adviene de fuera y para cuya superación ha de injertar la fe solamente como una. «fuente de fuerza». En esta crisis más bien Dios toca al hombre y por ello la crisis es el lugar de un nuevo y fuerte encuentro con Dios y ocasión de experiencia de Dios. (…)

La superación de la mitad de la vida

en Johannes Tauler

Un giro en la vida

Tauler habla frecuentemente en sus sermones de los cuarenta años. La cuarentena representa un giro en la vida de los hombres. Todo su esfuerzo, espiritual da precisamente fruto después de los cuarenta y entonces puede el hombre alcanzar la verdadera paz del alma. Tauler toma en un sermón los cuarenta días que median entre la Resurrección y Ascensión y los diez hasta Pentecostés como símbolo del desarrollo espiritual del hombre. (…)

La edad es algo que tiene su significado en relación con el camino espiritual del hombre. El objetivo del camino es para Tauler alcanzar el fondo de la propia alma. (…)

Sin embargo, no se alcanza el fondo del alma por el esfuerzo propio sino solamente cuando se deja obrar a Dios. Y Dios obra en nosotros a través de la vida, de las experiencias que la vida misma trae consigo. Dios nos vacía mediante los desengaños. Nos revela nuestra futilidad a través de nuestros fallos, trabaja en nosotros por el sufrimiento de que nos cree capaces. Estas experiencias de ser vaciados, despojados, se condensan en mitad de la vida. Y aquí es importante que nosotros dejemos en Dios todos los esfuerzos espirituales para ser conducidos por Él hasta el fondo del alma a través de los vacíos y arideces del propio corazón. Es en ese fondo del alma donde no encontramos nuestras imágenes y sentimientos sino al verdadero Dios.

Según Tauler, en la mitad de la vida es importante que nos dejemos vaciar y desnudar por Dios para ser vestidos de nuevo por Él con su gracia. La crisis es pues el punto de giro en el que se decide si se permanece cerrado en sí mismo o nos dejamos abrir hacia etapas. (…)

1. La crisis

Tauler observa que entre los hombres entregados durante años a una vida religiosa algunos caen en una crisis espiritual entre los cuarenta y cincuenta años. Todo lo que hasta esa edad practicaron como ejercicios religiosos: meditación, oración personal o comunitaria, coro, devociones, todo se les hace insípido. No encuentran ya ningún gusto y se sienten vacíos, agotados, sin paz. (…)

El problema de esta situación es que el hombre con sus prácticas religiosas habituales no puede ya hacer nada, pero no sabe tampoco lo que le haría bien. Lo acostumbrado se le ha quitado y lo nuevo todavía no ha llegado. Y hay el peligro que junto con las prácticas religiosas tradicionales también eche por la borda la fe cuando no encuentra ningún camino para ir más cerca de Dios. Experimenta un fracaso total de sus esfuerzos espirituales en los que hasta ahora podía estar firme. Ahora está preso de las formas externas. Y está al borde de apartarse, decepcionado de Dios.

Sin embargo, para Tauler, esta crisis es obra de la gracia de Dios. Dios mismo conduce al hombre a la crisis, a la apretura. Y Él se propone algo con ello. Quisiera conducir al hombre a la verdad, llevarle hasta el fondo del alma. Tauler usa aquí la imagen de que Dios revuelve y desordena la casa del hombre para encontrar la dracma evangélica, esto es, el fondo del alma. (…) Sin embargo, frecuentemente el hombre reacciona mal ante la crisis a la que Dios le ha llevado. No reconoce que Dios hace algo en él y que sería portante dejar obrar a Dios en sí. Tauler describe distintos modos equivocados de reaccionar.

2. La huida

Primera forma de huir: reformas exteriores

El hombre puede huir ante la crisis de la mitad de la vida de tres maneras. La primera consiste en negarse a dirigir su mirada al interior de sí mismo. No sitúa la inquietud y desasosiego en su corazón sino que lleno de impaciencia lo localiza fuera, en los otros, en las estructuras, en las instituciones todas que quiere cambiar. Cuando Dios lleva a la inquietud, revuelve la casa. Cuando con su divina gracia:

llega al hombre y comienza a tocarlo, el hombre, allí donde está, debería esperar, pero se aparta del fondo del alma, se pone el monasterio por montera y quiere correr hacia Tréveris o Dios sabe dónde y no tiene en cuenta el testimonio del Espíritu en él debido a su vagabundaje en las cosas exteriores.”

Como no quiere reformarse a sí mismo, quiere reformar el monasterio. Proyecta el descontento de sí mismo hacia afuera y obstruye con reformas e exteriores la entrada al fondo de su alma. Está tan bien ocupado con los cambios y mejoras exteriores que no percibe cómo su interior no da un paso. La lucha con lo exterior le exime de mantener el combate consigo mismo.

Segunda forma de huir: aferrarse a lo externo

Una segunda forma de huida consiste en aferrar se a ejercicios religiosos externos. No se ocupa de los demás, del contorno, sino que se encierra en sí mismo. Pero de una manera formalista. En sus actividades exteriores elude la confrontación interior. En lugar de aplicar el oído al interior y atender al escondido “camino íntimo” permanecerá en las “comunes y amplias calles”.

Muchos hacen precisamente lo contrario, se dedican por completo a ejercicios y actividades externas y obran como uno que debiendo ir a Roma marcha a campo traviesa en dirección a Holanda. Cuanto más camina tanto más desviado está. Y si tales hombres por fin vuelven, son tan viejos y les duele tanto la cabeza que no encuentran el gozo del amor en sus obras y en sus impulsos.”

Tercera forma de huida: nuevas formas de vida

La tercera forma de huida está en que la desazón interior por lo externo les coloca en una incesante instalación en nuevas formas de vida. El sosiego interior arrastra a ésta, a la otra y a de más allá práctica religiosa. (…) Para su crisis interior esperan una solución de formas externas. Echan por la borda las formas adicionales recibidas y buscan nuevas.

Esta experiencia señalada por Tauler se registra hoy en algunos hombres que quieren constante­mente probar nuevos métodos de meditación. Mariposean entusiásticamente hacia ésta o aquella forma meditativa. Cuando el primer entusiasmo ha pasado, cambian por la siguiente que es el non plus ultra. Y como no perseveran en ninguna, no encuentran su propio fondo. No sitúan verdaderamente su propio desasosiego, no lo aceptan, no oyen la voz de Dios que quiere precisamente conducirlos a su interior a través de la apretura. Y así, en lugar de cambiar interiormente corren tras los cambios exteriores. (…)

La reacción de huida es comprensible. Pero son muy pocos los que comprenden la función positiva de la crisis en la mitad de la vida. La mayoría se sienten inseguros y reaccionan a su manera, frecuentemente sin discernimiento. Por eso es importante comprender el carácter escalonado de la vida espiritual. Cada escalón tiene su función. La etapa de la mitad de la vida es un escalón decisivo en el camino hacia Dios y para la propia realización. Es un escalón doloroso que por lo mismo muchos quieren aceptar y cuando se aproxima reaccionan con el mecanismo de defensa de la huida. La actividad incontenible, típica de muchos hombres – a esa edad, es una huida inconsciente, muchas veces, ante la crisis interior. Y dado que la mayor parte quedan abandonados en su crisis no encuentran otra posibilidad que la huida.

Por eso necesitaríamos personas experimentadas que ayudaran a los otros en su crisis y que pudieran acompañar a través de la apretura hacia una madurez humana y espiritual.

3. Inhibición

Otra forma de reaccionar ante la crisis de la mitad de la vida es el detenerse, el inhibirse ante la exigencia de dar el paso de desarrollo hacia adelante quedándose en la actual manera de vida. En el plano psicológico esto se manifiesta como la “caballería de los principios” que se atrinchera en grandes fundamentos inamovibles para ocultar la angustia interior.

En el ámbito religioso se manifiesta la inhibición, el detenerse, por un endurecimiento y reafirmación de los ejercicios de piedad hasta entonces vigentes. Se cumplen fielmente los deberes religiosos, se va regularmente a misa los domingos y se hace diariamente la oración. Se tiene cuidado escrupuloso del mantenimiento de los deberes religiosos. Sin embargo, no se avanza interiormente. Más bien hay endurecimiento, falta de amor, quejas de los demás, juicios sobre su flojedad moral o religiosa. Nace el sentimiento de que se es un piadoso cristiano que puede enseñar a los otros cómo se debe vivir cristianamente.

Sin embargo, en medio de tanto celo, tales personas producen la impresión de no irradiar nada del amor y bondad de Cristo. Tampoco emana de ellos ningún entusiasmo y todo huele a pedantería y estrechez. Se está ante pequeñez, falta de alegría y auto justificación.

Mediante la fijación en sus principios religiosos y en su práctica religiosa se pretende escamotear la crisis interior y ocultar la angustia que esa crisis produce. Es, en último término, la angustia para que Dios mismo me arranque de las imágenes que yo me he fabricado sobre mí mismo y sobre Dios, pero es ocasión también para que pueda ser tocado de tal manera que se derrumbe el castillo de mi vida que me he construido.

Tauler insiste siempre contra la angustiosa fijación en principios y formas externas. (…) Esos “principios” en los que tan testaruda y angustiosamente se quiere seguir, Tauler los llama “ídolos”. Y piensa que mucha gente se asienta en sus ídolos como en otro tiempo Raquel que se sentó sobre sus amuletos (Gen 31, 33-35). (Serm. 171). Esas gentes se mantienen en sus ídolos para evitar el encuentro con el verdadero Dios. (…)

Esta clase de hombres se defiende de todo lo que Dios les dice directamente y podría cuestionarles. El que está en esta situación se reafirma en sus ejercicios y los pone entre él mismo y Dios. Su seguridad, su convicción religiosa, es para él más importante que su encuentro personal con Dios. Resiste a Dios cuerpo a cuerpo, pues podría serle peligroso. Dios podría mostrarle qué es lo que le pasa y cuáles son los motivos de su práctica religiosa.

Podría suceder que Dios desenmascarase sus actos religiosos y su seguridad en sí mismo, para que apareciesen ante sus ojos los proyectos y deseos insinceros y los intentos de superación de su angustia. Pero él se atrinchera tras sus actos piadosos en lugar de ser piadoso. Actúa piadosamente para no tener que experimentar a Dios; en última instancia, no es piadoso sino que solamente busca en sí su seguridad y su auto justificación, su riqueza espiritual. Este hombre insiste en los ejercicios piadosos sin caer en la cuenta de que esos ejercicios no le pueden por sí mismos, hacerle piadoso. Se endurece en su pretendido bienestar, pero permanece inaccesible a la llamada inmediata de Dios que podría llamarle a la verdad. (…)

Con acciones externas, con piadosa actividad y activismo religioso se intenta ocultar que no se tiene ninguna relación con el propio fondo y que, en último término, Dios es un extraño. Se cree poseer e a Dios porque se cumplen determinados ejercicios religiosos. Se quiere embutir a Dios en la “práctica” religiosa.

El fondo de esta actitud es miedo ante el Dios viviente. Porque se tiene miedo de que Dios pudiera romper y derrumbar el edificio de seguridades y auto justificaciones y quedar desnudos y a cuerpo limpio ante el verdadero Dios. Por eso se intenta levantar un muro de defensa mediante una intachable conducta vital, muro, que ni Dios mismo pueda penetrar. El cumplimiento fiel de los deberes no nace de un corazón amoroso, encontrado y tocado por Dios, sino de la angustiosa permanencia en sí mismo. Por medio de obras se justifica el miedo a abandonar al juicio de Dios y confiarse en los brazos del Dios que ama. Asegurándose en sí mismo, se niega la fe por la que tendría que abandonarse a Dios.

Tauler no aconseja abandonar los ejercicios religiosos. Por el contrario: las formas externas de la piedad son buenas siempre y cuando ayuden al hombre interior a alcanzar su fin y hacerle libre de la dependencia de lo terreno. Tauler aconseja a los jóvenes especialmente que se ejerciten en el amor diligente y realicen las cosas externas que llevan, al amor de Dios. (…) Pero quien después de los cuarenta años está demasiado pendiente de sus ejercicios o actividades y las considera como más importantes que el contacto con el fondo de su alma se convierte en una cisterna seca. Discurre por sus acciones externas sin tener barrunto de la interior penetración de Dios en el fondo del ser.

4. Conocerse a sí mismo

La crisis de la mitad de la vida nos coloca ante la exigencia del autoconocimiento que a la vez sería una ayuda para superar la crisis. La gracia de Dios que ha establecido en nuestra cabeza el hasta ahora actual edificio de pensar y de vivir, nos ofrece también la ocasión de conocernos a nosotros no sólo externamente sino en el fondo de nuestra alma, donde nuestro ser íntimo está escondido.

El camino del autoconocimiento está en la marcha al interior, la vuelta al propio fondo del alma. El conocimiento de sí mismo es por lo pronto doloroso porque descubre implacablemente lo que en el interior hay escindido de oscuridad y maldad, cobardía y falsedad. Por eso se le rehúye. Tauler describe con drásticas imágenes la situación del hombre que rehúye ese autoconocimiento:

Hijos, ¿de dónde pensáis que proviene el que un hombre no pueda llegar de ninguna manera a su fondo? La causa es la siguiente: está cubierto de una piel espesa y monstruosa, tan dura como la testuz de un toro y ha cubierto de tal modo su interioridad que ni Dios, ni él mismo pueden entrar dentro: está acorazado. Sabed que hay personas que pueden tener treinta y cuarenta pieles gruesas, macizas y negras como las de los osos.”

Ciertamente tenemos la experiencia de que no puede llegarse a algunas personas. Ya podemos indicarles las faltas que no lo oyen. Ya podemos con benevolencia hacerles observaciones sobre su conducta que las rechazan. Todo es inútil. No tienen ni barrunto de su propia situación. Tauler piensa, con su imagen de la testuz del toro, que tales personas tienen tan poco contacto con su propia realidad que hasta para Dios es imposible taladrar semejante piel.

Su interioridad está tan cubierta que no es accesible ni para ellos mismos ni para Dios. Estas personas no aprenden con las vivencias que Dios les envía ya sean positivas o negativas. Se han petrificado. Todos los acontecimientos les conducen siempre a su propia reafirmación. Tienen una mirada afilada para las debilidades de los demás y, sin embargo, son ciegos para las propias. La psicología designa a esta ceguera con el nombre de “proyección”. Al proyectar mis debilidades en los otros no las puedo reconocer en mí mismo y me quedo ciego ante mi propia situación. Esto se manifiesta en las censuras a los otros, en condenas y en criticas. (…)

El conocimiento de uno mismo es la mayor parte de las veces desagradable. Nos arranca todas las máscaras de la cara y descubre lo que hay en nosotros. De ahí que sea comprensible que muchos quieran evitar sin miramientos el autoconocimiento.

En la crisis de la mitad de la vida es Dios mismo el que toma la iniciativa y lleva al hombre al conocimiento de sí mismo. Para Tauler es un signo de que el Espíritu actúa en el hombre el comenzar a conocerse a sí mismo. Bajo el influjo del Espíritu Santo entra el hombre cada vez más en apretura y es sacudido en su interior. Y el Espíritu Santo descubre lo que hay en él de no verdadero. (…)

Tan pronto como un hombre toca su fondo vive terribles sorpresas: “¡Ay! ¡Qué encontraremos cuando lleguemos al fondo! Lo que ahora parece una gran santidad se descubre como falsamente fundado.”

Por nuestra parte pensamos que hay que proteger a los hombres en la conmoción de la mitad de la vida. Tauler, por el contrario, ve en ella la acción del Espíritu Santo. Debemos dejarnos sacudir por el Espíritu de Dios para penetrar en nuestro fondo, para sumergirnos en nuestra propia verdad. Debemos tranquilamente dejar demoler nuestra autosatisfacción y auto justificación y entregarnos a la acción que Dios realiza en esta nuestra apretura:

Querido: ¡Abísmate, abísmate en el fon do, en tu nada y deja caer sobre ti la torre (de la catedral de la autocomplacencia y de la auto justificación) con todos sus pisos! ¡Deja que vengan a ti todos los demonios que hay en el infierno! ¡Cielo y tierra con todas sus criaturas te servirán maravillosamente! ¡Abísmate solamente! Será para ti lo mejor.”

Es animoso lo que Tauler nos dice. Hasta los demonios del infierno se deben dejar venir con la confianza de que Dios nos conduce a través de la apretura.

El conocimiento de sí mismo lo pone en marcha el Espíritu Santo. Sin embargo, el hombre tiene que colaborar. Tauler enumera diferentes ayudas en el camino del autoconocimiento. (…)

El método que Tauler recomienda aquí es el de “imaginar”, y que hoy la Psicología emplea como técnica del autoconocimiento: se hace ascender desde el fondo desde el subconsciente imágenes de la fantasía y se las considera. Después se puede descubrir frecuentemente cuáles son verdaderamente las raíces y los fundamentos de nuestro pensar y obrar. Con ayuda de esta técnica, según nos invita Tauler, debemos preguntarnos constantemente por los últimos motivos de nuestro obrar y si en esos quehaceres nos ponemos en el centro a nosotros o ponemos a Dios. Debemos someter nos a la prueba de saber si nos quedamos atados a las cosas externas, a nuestro éxito, a nuestros papeles, a nuestra ocupación u oficio, a nuestras posesiones, a las formas de nuestra piedad o a nuestra vocación de buenos cristianos. Debemos conocer cuáles son nuestros ídolos. Y en cuanto los conozcamos debemos intentar librarnos de ellos. Tenemos que desatarnos de todo aquello que nos sujeta para entregarnos exclusivamente a la voluntad de Dios.

La experiencia de que Dios nos conduce a un doloroso conocimiento de nosotros mismos en la mitad de la vida la ha tenido también Carlo Carretto. Sobre ella escribe:

Normalmente esto ocurre hacia los cuarenta años: gran fecha litúrgica de la vida, fecha bíblica, fecha del demonio meridiano, fecha de la segunda juventud, fecha seria del hombre…

Es la fecha en que Dios ha resuelto poner entre la espada y la pared al hombre que se le ha escapado hasta ahora detrás de la cortina de humo del «mitad sí, mitad no».

Con los reveses, el tedio, la oscuridad, y más frecuentemente aún, y más profunda mente aún, la visión o la experiencia del pe cado. El hombre descubre lo que es: una pobre cosa, un ser frágil, débil, un conjunto de orgullo y de mezquindad, un inconsciente, un perezoso, un ilógico.

No hay límite en esta miseria del hombre; y Dios le deja que la beba hasta las heces…

Pero no basta. En lo profundo está la culpa más decisiva, más vasta aún, aunque oculta… Solo a duras penas y frecuentemente sólo después de largo tiempo podemos descubrir la con la mirada, pero es bastante viva en la conciencia para poder contaminarnos y pesa bastante más que todas las cosas que confesamos habitualmente.

Quiero decir las actitudes que envuelven toda nuestra vida como una atmósfera y que están presentes, por decirlo así en todas nuestras acciones y omisiones; pecados de los que no podemos desembarazarnos, cosas ocultas y generales: pereza, cobardía, false dad y vanidad, de las que ni siquiera nuestra oración puede verse enteramente libre, que pesan profundamente sobre toda nuestra existencia y la perjudican.” (Cartas del desierto, cap. 10).

Esta cita muestra cómo la experiencia de Tauler no es única ni está limitada a los místicos. Afecta a todo aquél que intenta llevar una vida espiritual. Por eso es importante entender algo de las generalidades de la vida espiritual para poder ayudar a los hombres que sufren esta crisis como un paso de su desarrollo religioso.

5. Serenidad

Junto con el conocimiento de sí mismo, Tauler habla de otra ayuda para superar la crisis de la mitad de la vida: la serenidad. No piensa en una serenidad y paz estoicas que no se dejaran conmover por nada sino que se refiere a la capacidad de entregarse a sí mismo.

Serenidad es, para Tauler, lo que las Sagradas Escrituras llaman abnegación, esto es, la tarea de entregar la propia voluntad a la voluntad de Dios. Tiene un aspecto dinámico y significa un avance hacia Dios.

El hombre tiene que abandonar muchas cosas para que le vaya bien. Tiene que dejar el mal, la obstinación, la arbitrariedad. Pero también tiene que renunciar a lo bueno en tanto en cuanto impida el progreso. Pues lo bueno puede ser enemigo 65 de lo mejor e impedir el avance del hombre en su camino hacia Dios. Tauler expresa esto con la imagen de la novia que deja sus antiguos vestidos y se lava, «para entregarse al novio con vestidos nuevos y más adornada». Por vestidos antiguos entiende Tauler no solamente los manchados por el pecado sino también «los buenos vestidos que la novia se quita porque son viejos». Piensa Tauler en prácticas buenas y virtudes inferiores que ahora deben ser superadas por una práctica mejor y por una virtud más alta.

Cada edad tiene su forma de expresión religiosa específica. No se puede descuidadamente mantenerse en una práctica que era buena en la juventud. Y si a alguno, durante la crisis de la mitad de la vida, la práctica vigente hasta entonces se le con vierte en algo insípido e infecundo no es porque hasta ese momento haya seguido falsas formas si no porque Dios le quiere indicar que ahora tiene que buscar otras formas que correspondan a su actual grado de desarrollo en la vida espiritual.

Puede que haya llegado el momento de un grado de oración más alto. En lugar de tener largos monólogos durante la oración que me cansan, yo tendría que aprender a permanecer ante Dios en silencio. En lugar de devorar más y más libros piadosos, tendría quizá que simplificar mi oración y tendría, para ello, que rechazar el querer vivir constantemente nuevas experiencias espirituales y sentimientos religiosos. En lugar de todo esto estar simplemente ante Dios, vivir en la presencia de Dios sin hablar mucho.

Muchos hombres como consecuencia de estar en la mitad de la vida caen en una crisis religiosa porque la voluntad de conquista con la que tenían éxito en su profesión, la trasladan a su vida religiosa. Quieren constantemente atrapar experiencias religiosas y amasar una riqueza espiritual. Sequedad y desilusión en la oración son una prueba de que tengo que abandonar esa búsqueda de experiencias de Dios, de que tengo que abandonar mi ansia de posesión y ponerme ante Dios con toda simplicidad. Tendría que llegar, para abandonarme por completo en Dios a estar sin pedir constantemente cosas como paz, contento, seguridad, gozo religioso.

Pertenece también a la serenidad la disponibilidad para el sufrimiento. Serenidad no significa que se tiene y se goza la propia paz. Por el contrario se da de mano la propia paz y se está dispuesto a dejarse conducir por Dios en la apretura. (…)

Tauler repite insistentemente que el hombre ante la apretura no debe evadirse. Tiene que esperar. No puede salir de la apretura por sus propias fuerzas. No puede hacer otra cosa sino esperar a que Dios mismo le conduzca a través de ella hacia una nueva madurez espiritual. Tiene que confiar en que Dios no le dejará caer en la apretura sin buscar algo positivo. El hombre tiene que estar dispuesto, con confianza, a seguir la dirección de Dios, a soltar las riendas para ponerse totalmente en manos de Dios. En la crisis de la mitad de la vida se da un cambio de dirección interior. Ya no yo, sino Dios es el que debe conducirme. En la crisis misma está ya Dios actuando y yo no debo ponerle ningún obstáculo en el camino para que él pueda completar su obra.

Tauler no se cansa de decir una y otra vez a sus oyentes que es el Espíritu Santo el que ha provocado la crisis y el que obra en la apretura. La tarea del hombre consiste ahora en no impedir su acción. (…) Tauler supo describir con imágenes muy elocuentes esta apretura mediante la cual el Espíritu Santo quiere un cambio interior y una nueva criatura. Así habla comentando a Mt 10,16 sobre el tema de la astucia de la serpiente:

Cuando la serpiente percibe que comienza a envejecer, a arrugarse y a oler mal busca un lugar con juntura de piedras y se desliza entre ellas de tal manera que deja la vieja piel y con ello le crece una nueva. Lo mismo debe hacer el hombre con su vieja piel, esto es, con todo aquello que tiene por naturaleza, por grande y bueno que sea, pero que ha envejecido y tiene fallos. Para ello que pase por entre dos piedras muy juntas” (en apretura).

Para madurar, para llegar al propio fondo del alma es preciso pasar a través de la estrechura de dos piedras; no se pueden seguir constantemente nuevos métodos de madurez humana o espiritual. Esto sería solamente huir ante la apretura. En un momento cualquiera hay que tener el valor de pasar a través de la estrechura aunque con ello se pierda la piel antigua, incluso si se sufren heridas y erosiones. Las decisiones aprietan. Pero sin atravesar esa angostura no se madura, no se renueva. El hombre exterior tiene que ser raspado para que el interior se renueve día tras día. (2 Cor 4,16).

Si se toman en serio las palabras de Tauler y se ve en la crisis de la mitad de la vida la actuación de Dios, esta crisis pierde su carácter amenazador y su peligrosidad. Por el contrario se la puede considerar como una ocasión para avanzar y tener a Dios más cercano. Lo que se nos pide en la crisis es la disponibilidad para dejar actuar a Dios en nosotros. Frecuentemente la acción de Dios es para nosotros dolorosa. Y es que sufrir hasta el fin a Dios en mí, es conllevar lo que me envía sin romperme interiormente. Esta actitud exige mucho del que estaba acostumbrado a tenerlo todo en la mano. Aquí también corre el peligro de querer tomar en su mano la propia crisis y acelerar activamente el proceso.

A alguno le parecerá una ocasión oportuna para aprovecharla y al querer agarrarla tirará por la borda las formas heredadas. Tauler previene contra los modos arbitrarios de ponerse en manos de Dios. No podemos entorpecer la acción de Dios en la apretura y mediante la apretura; no podemos por propio impulso abandonar las prácticas recibidas, sino en el momento que Dios nos lo sugiera. (…)

En primer lugar hay que aprender lentamente a abandonarse a la acción de Dios. Se quiere con excesiva ligereza planear la vida y la práctica. Se desconfía de toda pasividad, por miedo a soltar las riendas. Hasta el momento de la crisis era bueno determinar la propia vida y sus formas. Pero ahora no puede ser así. Si durante el tiempo juvenil no estaba mal el ejercitarse por sí mismo y el plantear las propias tareas, en la edad madura se tiene que «soportar» la acción de Dios. Y así hay que entregarse paso a paso a la voluntad de Dios y a su providencia. Esto exige la entrega del corazón.

6. El nacimiento de Dios

Las penurias y apreturas que trae consigo la crisis de la mitad de la vida son para Tauler solamente los dolores de parto del nacimiento de Dios en el hombre. En la apretura de esta crisis Dios impulsa a los hombres a que se vuelvan al fondo de su alma, a que reconozcan su impotencia y debilidades y se abandonen completamente en el Espíritu Santo de Dios. Cuando se abandona todo lo que puede ser impedimento de la acción de Dios entonces puede Él nacer en el fondo del alma. Y el nacimiento de Dios en el hombre es el objetivo del camino espiritual, según Tauler:

Abandónate en mí; no hay ningún aprieto en el hombre. Dios quiere realizar un nuevo nacimiento. Y ten presente que todo lo que te quite el aprieto o la opresión, lo que te so siegue o libere es nacimiento en ti. Y esto es el nacimiento, el parto, sea el que sea, de Dios o de la criatura. Piensa ahora: si una criatura te quita la apretura, sea la criatura que sea, arruina por completo el nacimiento de Dios.”

En este texto se hace patente una vez más cuál es el peligro de la crisis. Se intenta evitar la opresión volviéndose hacia el exterior mediante la actividad, por la fijación en formas religiosas, por cambios externos. Todo esto son criaturas, incluso las cosas buenas. Y esas criaturas impedirían el nacimiento de Dios en nosotros. Así, lo que resta es solamente dejar que Dios mismo quite la opresión. En tanto en que se “sufre” a Dios, se le deja actuar, y a Él se entrega. Solamente Dios puede liberarnos de la opresión. (…)

Así pues, la crisis de la mitad de la vida tiene un objetivo. Es la ocasión para perforar el genuino ser del hombre y dar un paso decisivo en su camino hacia Dios. Si comprendemos bien la relación de la apretura y del nacimiento de Dios, como Tauler nos la ha mostrado, podremos reaccionar de manera diferente ante los primeros síntomas de la crisis. No perdamos la cabeza creyendo que tenemos que probar todos los posibles métodos psicológicos para obtener la salud óptima.

Consideremos más bien como una tarea espiritual admitir la crisis y oír en ella lo que Dios quiere decirnos. Ante la crisis no tenemos que proteger nos con los mecanismos de defensa que tengamos a mano. No necesitamos tampoco huir porque podemos ser consolados dejando a Dios obrar en nosotros. Podemos aceptar que Dios revuelva nuestra casa y descomponga en nuestro interior el pretendido orden que teníamos. En lugar de lamentarnos de nuestra crisis, deberíamos dar gracias a Dios porque actúa en nosotros, porque rompe nuestra dureza con su espíritu, que quiere transformar constantemente nuestro corazón.

Rispondi

Inserisci i tuoi dati qui sotto o clicca su un'icona per effettuare l'accesso:

Logo di WordPress.com

Stai commentando usando il tuo account WordPress.com. Chiudi sessione /  Modifica )

Google photo

Stai commentando usando il tuo account Google. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto Twitter

Stai commentando usando il tuo account Twitter. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto di Facebook

Stai commentando usando il tuo account Facebook. Chiudi sessione /  Modifica )

Connessione a %s...

Questo sito utilizza Akismet per ridurre lo spam. Scopri come vengono elaborati i dati derivati dai commenti.

Informazione

Questa voce è stata pubblicata il 25/11/2019 da in Artículo mensual, ESPAÑOL, Fé y Espiritualidad, Vocación y Misión con tag .

  • 352.165 visite
Follow COMBONIANUM – Spiritualità e Missione on WordPress.com

Inserisci il tuo indirizzo email per seguire questo blog e ricevere notifiche di nuovi messaggi via e-mail.

Segui assieme ad altri 763 follower

San Daniele Comboni (1831-1881)

COMBONIANUM

Combonianum è stata una pubblicazione interna nata tra gli studenti comboniani nel 1935. Ho voluto far rivivere questo titolo, ricco di storia e di patrimonio carismatico.
Sono un comboniano affetto da Sla. Ho aperto e continuo a curare questo blog (tramite il puntatore oculare), animato dal desiderio di rimanere in contatto con la vita del mondo e della Chiesa, e di proseguire così il mio piccolo servizio alla missione.
Pereira Manuel João (MJ)
combonianum@gmail.com

Disclaimer

Questo blog non rappresenta una testata giornalistica. Immagini, foto e testi sono spesso scaricati da Internet, pertanto chi si ritenesse leso nel diritto d’autore potrà contattare il curatore del blog, che provvederà all’immediata rimozione del materiale oggetto di controversia. Grazie.

Categorie

%d blogger hanno fatto clic su Mi Piace per questo: